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Parques y Jardines

Parques

Lo que la Naturaleza creara
y con sublime belleza eternizara,
a las reglas del Arte sujetado
tiene el Hombre en jardines ordenado.

Was die Natur erschuf
in ewig erhabener Schönheit,
ordnet im Garten der Mensch
nach den Regeln der Kunst.


Arte y Naturaleza armónicamente conjuntadas

Suelos arenosos y bosques de pinos, robles y carpes poblaban el entorno de Berlín desde tiempos inmemoriales. Peter Joseph Lenné, el mejor arquitecto de paisajes que ha tenido Alemania, previó las muchas posibilidades que ofrecía el paisaje natural al suroeste de Berlín, en los meandros, islas, ramales y entrantes que forma el río Havel. Para ello recogió la herencia barroca que habían dejado en Potsdam los predecesores del rey Federico Guillermo III, y empezó a transformarla. Tuvo la suerte de contar con un rey entusiasta de sus proyectos y de los de Schinkel, además del apoyo incondicional de la reina consorte Luisa (Luise). De los tres hijos del rey cada uno se haría cargo de un parque o conjunto ajardinado; así el príncipe heredero Federico Guillermo dedicaría sus esfuerzos a Sanssouci y el Nuevo Jardín, el príncipe Carlos se entusiasmaría con Glienicke y el príncipe Guillermo se fijaría en el Parque de Babelsberg, aunque finalmente este proyecto fuera a parar a manos de otro gran arquitecto paisajístico del Romanticismo, el excéntrico vividor y aristócrata Hermann, príncipe de Pückler-Muskau. El rey atendía sobre todo a la conformación del centro de Berlín, de Charlottenburg y del Tiergarten, además de embellecer la herencia de la ensoñadora Isla de los Pavos Reales. A su querida hija, la princesa Carlota (Charlotte), casada con el Zar de Rusia Nicolás I, le regalaría el conjunto de Nikolskoe en Glienicke con motivo de su visita a Berlín en 1819.

En 1833 Peter Joseph Lenné presentó al rey Federico Guillermo III su Plan de Embellecimiento del Entorno de Potsdam (Verschönerungsplan der Umgebung von Potsdam) mediante el que pretendía transformar “el río Havel en un lago con un enorme parque” (die Havel als einen See mit einem großen Park). Una Arcadia anfibia entre Potsdam y Berlín, alrededor del Puente de Glienicke, un maravilloso paisaje ajardinado de lagos, bosques, parques, castillos y palacios, florestas y rosaledas, iglesias y templetes... unidos entre sí por grandiosas perspectivas y ejes visuales que atraviesan los meandros del río y las manchas de vegetación. Lenné fue maestro y pionero en el paisajismo de tipo inglés, concepto romántico de los jardines que vendría a sustituir los estrictos diseños geométricos del barroco francés. El principio de los jardines de estilo inglés consiste en que siempre nos sorprende una nueva perspectiva gracias a conjuntos de carácter sentimental, pintorescos cuadros de paisajes o vistas espectaculares; ejes visuales de estudiada orientación geográfica y aparente “naturalidad” en medio de los cuales destacan curiosas construcciones pertenecientes al vocabulario de la arquitectura paisajística occidental. Normalmente los conjuntos de parque y palacio se estructuran en tres partes: rosaleda o jardín de flores, zona ajardinada (pleasureground) alrededor del palacio en cuestión, y conjunto del parque que engloba los anteriores a manera de un bosque “cultivado” o arreglado por el hombre. Bajo este concepto, por supuesto, se incluyen también los animales y las plantas exóticas, como se puede admirar sobre todo en la Isla de los Pavos Reales.

Tanto esta última como el cercano Parque de Glienicke, pertenecientes a Berlín, han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO junto a los palacios y jardines de Babelsberg, Sacrow, el Nuevo Jardín (Neuer Garten) y Sanssouci, en Potsdam. Todo este entorno del río Havel entre Potsdam y Berlín está siendo recuperado de los largos años de desidia y abandono que supusieron la guerra, la posguerra y la separación del Muro —que corría precisamente por aquí— y es actualmente administrado por la Fundación Palacios y Jardines de Berlín-Brandenburgo, pertenecientes al Patrimonio Cultural Prusiano. Cuando Lenné muere en 1866, tras 50 años de trabajo continuado al servicio de tres reyes, deja marcada para siempre la fisonomía verde del que sería el Gran Berlín. Sus continuadores, entre los más destacados Gustav Meyer, Hermann Mächtig y Erwin Barth, completarían y mantendrían su obra hasta los comienzos del siglo XX.

Paradójicamente, por la falta de grandes espacios que generó el acelerado desarrollo urbanístico del Gran Berlín, se abandonaría el “parque inglés de paisajes” en favor de la jardinería renacentista y barroca para el diseño de los nuevos jardines privados. La razón era, además de una reorientación estética, adaptar esos jardines a diversos usos, ya que acompañaban a construcciones modernas o a las villas de los nuevos ricos. Algunos representantes de esta corriente “moderna” cercana a la arquitectura racionalista son: Peter Behrens, Joseph Maria Olbrich y Hermann Muthesius.





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